sábado, 1 de octubre de 2011

Me traslado.

He decidido reunir todo lo que escribo en un solo blog. Me he pasado aquí:
http://unlugardereflexion.wordpress.com
Me gustaría contar con vuestras visitas. Con los más desconocidos y, sobretodo, con los amigos:

lunes, 26 de septiembre de 2011

Mi día perfecto

Desperté con el murmullo de las olas. Desperté con el sol rozando mis mejillas. Y aún así mentiría. Desperté porque ella me miraba.
La habitación era completamente blanca, avivando la sensación de inmensidad que producía la gran cantidad de luz y los pocos muebles que la formaban.
La cama estaba deshecha y eso me hizo sonreír.
Recuerdo la paz que se adueñaba de mi cuerpo, como un espíritu protector que, por fin, ha encontrado su hogar.
Insisto en que ella me observaba. Era morena, pequeña y bella. Estaba de pie a los pies de la cama y se mantenía sonriente. LLevaba un negro vestido de seda que se deslizó por su cuerpo mientras su sonrisa se volvía pícara. Quedaron al aire sus dos pequeños pechos, firmes y dorados como el resto de su piel. Sus caderas no eran aptas para cardíacos y sus ojos se hendían profundamente negros en mi carne. La miré y suspiré. Entre sus formas perfectas se adivinan una inteligencia vivaz, sus labios hablaban de picardía, de curiosidad y de sensualidad. Pero sobre todo, dejaban claro que se bastaba, que yo no era más que un pilar en su vida: el más importante pero no el único.
Así debía ser.


Me acerqué a ella y la besé, un beso corto, de buenos días.
-Vamos a desayunar.
Nos deslizamos juntos hacia la cocina, que también era blanca. Aquello debía ser el cielo.
Desayunamos despacio, en dos tazones anchos que nos devolvían a nuestras más tiernas infancias.
El día no podía comenzar mejor.
O quizá sí.

Sonó el teléfono y al otro lado escuché la seductora voz de uno de mis mejores amigos.
- Me encanta escuchar tu voz - le dije.
Estoy seguro de que sonrió, que sus ojos se avivaron y todas las mujeres de su alrededor se enamoraron.
- Deja de halagarme. Hemos quedado "los de siempre" para hacer una paellita. ¿Os animáis?
Aún recordaba aquellas viejas palabras: ¿por qué malditos principios debemos luchar hoy, maldito loco? Eran nuestro signo identitario como grupo.
Nos vestimos con lentitud, revirtiendo el proceso en, al menos, dos ocasiones.
Al final, lo conseguimos, ella vestía con sencillez, combinando el negro y el rojo como una diablesa muy atractiva. Yo vestía de "riguroso luto", como le gustaba llamarlo.
Llegamos al chalet donde nos esperaban los amigos. Ella me miró y sonrío pícara, como siempre que se avecinaba una nueva "chuiquillada". Se desnudó y saltó a la piscina. Nadie se extrañó, ya la conocían y admiraban su espontaneidad.
El día se hizo corto, compartiendo risas y chascarrillos, contando chistes e historias, recordando viejos tiempos e inventando nuevos futuros.

La tarde duró, como diría Sabina, lo que tardó en llegar la noche. Una noche profunda, de luna nueva. Oscura y misteriosa, dibujando miles de estrellas en un firmamento blanquecino, manchado de vía láctea. Nos tumbamos en el suelo y hablamos durante horas de nada en concreto. De nuestros sueños cumplidos y de nuestros sueños futuros. Ella me miró y una lágrima de emoción se deslizó por sus mejillas. Yo la miré y la abracé.
- Lo que vas a costar de criar. - Ella conocía el significado.
-Yo también te quiero.

Rafael Reina

lunes, 28 de febrero de 2011

Al otro lado del espejo

Queda convocado el maldito
Dios del silencio...
Somos dos grandes versos
en la obra mediocre del poeta.
Somos la lengua de sal
que rompe a la abrazada pareja.

¿Dije somos? Mentí....
Espero que algún día
despiertes sudorosa y cansada
y mires al espejo y me veas a mi.


Rafael Reina

jueves, 24 de febrero de 2011

La fecundidad


Mentiroso compulsivo eres.
Tú, que ni fuiste espartano
ni espantaste bereberes,
no andas por la vida cabizbajo.

Aprendiz de seductor quieres,
con dos lecturas y el badajo
conquistar a mil mujeres
y ver su falda desde abajo.

Bajo la danza de la luna llena
va tejiendo quehaceres,
mientras al hombre espera

que le entregue mil placeres.
¡Quisiera ella que fuera
su amante protectora, Ceres!

Rafael Reina

sábado, 5 de febrero de 2011

La escalera

Alguien me dijo una vez:

La vida es una escalera en la que vamos subiendo peldaños. Cuando somos niños nos cuesta mucho cada uno de ellos y eso nos permite mantener a los amigos durante años, ayudándonos unos a otros a alcanzar el siguiente paso.



Pero los años pasan, y todos maduramos, aunque cada uno a su ritmo.

Me ha costado comprender que cada uno debe llevar su paso, sin miedo a distanciarse. Hoy me siento un escalón por encima de mis viejos amigos.

Hasta ahí no estaría mal, porque como me dijo aquella desconocida: “aún estando un escalón por encima podemos tender la mano para ayudar a los demás a subir”. El problema viene porque el nuevo escalón me ha permitido conocer, a su vez, a nueva gente. Y esa gente tira de mi.

Solo se repite en mi cabeza su última frase, después de hablar largo rato y contarnos nuestras historias: “Aquella chica te hizo madurar, cambiar, crecer…ahora te falta asumirlo, avanzar y confiar en que tus amigos, tarde o temprano, te darán alcance. O no. Pero la vida son decisiones. Elige tu camino.”

Eso me recordó aquella canción: “la vida te lleva por caminos raros”.


Rafael Reina