jueves, 23 de abril de 2009

Mentiras

Triste, parsimonioso, cabizbajo,
con el sudor que perla su frente
y el frío que hiela su corazón
camina el reo condenado a muerte.
El silencio de los tambores
que retumban en torno a él
se vuelve molesto como el zumbido
constante de las moscas alrededor.
Espera la horca, el dolor y la muerte
con su guadaña mal afilada
adornada con la sangre reseca
de los que ya marcharon antes.
Las burlas, los gritos, las gentes:
¡Ignorantes! con víctimas inocentes
los engañan y se creen seguros.
Protegidos, ¡ja!, por sus reyes y nobles,
dominando con hilos irrompibles,
las cabezas de sus títeres.
¿Culpable yo? yo solo quise ser libre.

Rafael Reina

Mi canción del pirata

No quiero recargar mis versos
con metáforas imposibles
que ofendan al intelecto.

Quiero gritar lo que siento
cansado de equivocarme
en cada paso, en cada nuevo intento.

Vender mi fe por una moneda,
imitar en cada verso
al maestro Espronceda.

Cambiar de piel y de nombre,
de oficio y de casa,
navegar en galeones de velas blancas.

Ser pirata, reo, patriota,
griego, verdugo, traidor,
cautiva, cosaco, mendigo,

algo más que un estudiante,
un verdugo insaciable de
la vida que alguien me entregó.

Y, aunque yo si soy fulano
de lágrima fácil,
si la vida se deja,

también le meto mano.
y a vivir otras vidas
y lo que venga, despacio.

Rafael Reina